Parábola de los árboles

PARÁBOLA DE LOS DOS ÁRBOLES:
EL SABIO ANCIANO Y EL JOVEN TEMEROSO

 

En una llanura habían dos árboles, uno de considerable tamaño y frondosa copa; otro, joven, había nacido a la sombra del árbol medio gigante.

Era un día donde el viento no solo prometía arrastrar con todo lo que hubiese sobre la superficie de la tierra, sino que, por instantes, parecía querer arrancar hasta las rocas de la tierra.

El árbol joven, atemorizado, se giró hacia su compañero:

–Árbol anciano, tengo miedo.
–Sé que estás asustado, pequeño. Lo sé porque yo también fui un árbol tierno, como tú ahora.
–Entonces, árbol sabio, ¿crees que este viento puede arrancarme de la tierra? ¿Puedo morir si soy arrastrado por su furia?
–Hermano pequeño, sé que estás asustado y piensas que está furioso el viento. Pero no es así. Hay veces en que el viento tiene que mostrar su Fuerza a todos los habitantes del Planeta, incluso a nosotros, los árboles, y a la demás Naturaleza vegetal. Pero, te voy a contar una cosa, pequeño amigo, para que te tranquilices…
–Dime, sabio árbol. ¿Qué tienes que decirme para que calme mi desánimo?
–Verás. Hace muchos, muchos, muchos años, cuando era muy joven, casi tanto como tú y no tenía, evidentemente ni esta fortaleza de ahora ni mis raíces eran tan fuertes, el viento un día comenzó a soplar con más y más violencia. Entonces, comencé a balancear mis ramas, mis jóvenes ramas, sabiendo que incluso podían ser quebradas. Pero quise llamar la atención de nuestro hermano Viento.
–¿Y qué sucedió entonces, gran amigo?
–Verás, a medida que iba balanceándome, casi casi hasta tumbar mi tronco sobre la tierra, intenté llamar su atención. ¿Cómo lo conseguí? Te explicaré: con mis jóvenes ramas comencé a danzar para que todas mis hojas verdes lograsen captar el paso de su furia. Entonces conseguí componer una música especial haciéndole silbar cuando pasaba entre mis hojas.

El joven árbol, muy sorprendido, terminó por inclinarse, acercándose más y más al anciano y sabio árbol, su compañero.

–Acércate un poco más y te lo explico, joven amigo.

El joven árbol se acercó todo lo que pudo hacia su compañero y este, logró abrazarle con sus ramas más grandes.

Así, cogidos los dos, el árbol anciano terminó de relatarle la historia:

–Joven amigo, con mi danza y mi canto, logré captar la furia del Viento, quien entonces pareció tener consciencia de que podía arrancarme de la tierra y terminar con mi joven vida.
–¿Lo dices en serio? ¿Qué pasó?
–Pasó que el hermano Viento, dándose cuenta de que su paso entre mis ramas sonaba con furor, llamando su atención, quiso que esa música fuese armoniosa. Y entonces…
–¿Entonces qué, qué…?

A medida que árbol anciano y sabio iba terminando la historia, el joven árbol, bien abrazado por su sabio amigo, dejó de prestar atención al  peligro y puso toda su atención en la protección de sus ramas y en lo que quería comunicarle.

–Joven, amigo… El Viento, entonces, fue cesando su furia. y casi, casi, como si fuese un ejército invisible fue abriendo una especie de brecha entre donde yo estaba y el resto de la llanura.
–¿Eso puede hacerlo el Viento?
–Ya lo creo, mi joven amigo.
–¿Y qué pasó entonces?
–Pues que el hermano Viento creó un círculo de protección para mí, y en vez de sacudir yo mis ramas y mis tiernas hojas, cuando atravesaba por ellas, se escuchaba una suave melodía, un silbido, una música dulce… Entonces, comprendí que el Hermano no quería hacerme daño y que le encantaba que yo estuviese vivo. Supe que le encantaba que él y yo pudiésemos hacer una música suave y hermosa.
–¡Ahhhh! Me has dejado sin miedos, amigo, sin habla, sin nada… he dejado de temer al Hermano Viento.
–Pues claro, amigo joven… Además, yo estoy aquí contigo, protegiéndote hasta que tus ramas y tus raíces sean fuertes. Entonces tú tendrás que cuidar de mí, porque yo también me haré viejo, igual que lo fue el árbol que en su día me protegió a mí y me contó a su vez lo que yo te estoy contando a ti: “No hay que tener miedo. La Naturaleza, todos los elementos son nuestros Hermanos, y si sabemos pedirles las cosas, entenderles y hacerles saber que nos pueden ayudar, no dudes que lo van a hacer. Incluso las Aguas, que aunque a veces parecen tornarse furiosas y arrastrarlo todo a su paso, si se lo pedimos, pueden cambiar el rumbo de su vertiginoso camino, guardándonos como en una isla fuera de todo peligro”.
–Nunca me habías contado todo esto, hermano Mayor, amigo Sabio…
–Nunca lo habías necesitado hasta hoy, hermano Pequeño.

Pronto, el Viento comenzó a dejar su furia, y fue dejando paso a un viento ligero y confortante, que a la vez se unió a los dos árboles, meciéndolos con dulzura a los dos…

El joven árbol quedó dormido hasta el día siguiente, protegido por las ramas de su hermano mayor, acunado por la suave brisa del Hermano Viento.

 


 


 

ESPERO, AMIG@S, QUE ESTA ESCRITURA, QUE SIN SER MEDITADA DE ANTEMANO, SOLO EL CONTEXTO MÁS BÁSICO, OS HAYA  TRANSPORTADO HACIA UNA ISLA DE PAZ Y SEGURIDAD… PORQUE A VECES, CASI SIEMPRE, SOLO HAY QUE PEDIR, Y SABER PEDIR TAMBIÉN ES UN ARTE Y UNA NECESIDAD.

ES MI PARÁBOLA DE HOY VIERNES 17 DE JULIO DE 2020.

GRACIAS A TOD@S


(c) Aquarius

Imagen de: https://pixabay.com/es/users/sarah_00-7829380/

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