Archivo diario: 23 de febrero de 2015

El Ojo de Dios

Dios no juzga a los Seres Humanos. Dios sólo se Mira en el Corazón de los Humanos.

Estamos tan acostumbrados a juzgar, según nuestro propio ojo, según nuestro propio interés, según lo que han intentado implantar en nuestro cerebro como patrón delimitador o vallas que limitan cada espacio para tenerlo todo tan encajonado, tan fácil, tan fácil que no nos preocupemos en mirar más allá o más adentro de los demás o de nosotros mismos.

Entonces juzgar se convierte en algo fácil. Claro. Y es que con meridiana facilidad siempre vemos el fallo de los demás.

No juzgar significa que aunque veamos los fallos ajenos, y no por las vías delimitadoras que nos han enseñado, sino porque las situaciones gritan sin voces el por qué se producen, no debemos, no deberíamos jamás empujar,… empujar,… empujar… para que vean según nuestro propio ojo, por mucho sentido común que pongamos.

No juzgar significa que Ayudar debe hacerse sin condicionamientos, no esperar nunca nada a cambio, por duro que nos pueda parecer, esto es en sí mismo la Liberación del Ser hacia una Conciencia Superior.

Es tan difícil saber ayudar,… porque “ayudar” siempre lleva pre-juicios o valores pre-determinados por una serie de aprendizajes o por el entorno donde cada cual se desenvuelve , donde se juntan una serie de “valores” que intentan ser establecidos para comodidad de cada cual.

Si nos guía el sentido común, más allá de los hechos… Si nos guía de verdad el valor del Yo soy Tú y Tú eres Yo para profundizar en el por qué cada ser humano responde de una forma u otra ante una situación, ante un problema, ante un obstáculo, llegamos a ver con claridad que las situaciones son porque así han sucedido a través de muchas o pocas secuencias relegadas a los actos, y, a veces, sólo esperan de la colaboración de los demás para poder llegar a buen término. Esto es No Juzgar.

Cuando me enteré que nuestra hermana Riven había dejado este plano se me ocurrieron muchas cosas. Muchos, quizás, veíamos. Muchos, quizás, sabíamos… Pero, ante todo estaba la libre elección de cada Cual.

Me enseñó que, realmente, Allí, no hay Juicios ni pre-Juicios. Que cada ser es Único y llega al término con un bagaje o un cansancio o, por el contrario, con muchas ganas de regresar de nuevo para hacer aquello que le faltó por hacer.

Dios, el Creador, ama a cada una de sus Criaturas. No las juzga. Sólo reside en su Corazón, no mira sus actos, sólo Se mira en lo que sintió. No puede por más que abrazar a cada Criatura para devolverla de nuevo a la Ilusión de la Creación, para devolverla a la maravilla de la Contemplación de la Existencia en alguna de sus formas.

En esas formas regresamos o volvemos para hacer o deshacer, influir o enseñar, ayudar, estar. No regresamos porque sí, siempre regresamos con una carga interior; siempre regresamos, quizás, para sentir en forma distinta aquello que no pudimos distinguir en su momento… quizás por circunstancias… quizás porque no supimos crear las sinergias perfectas que nos hubiesen dado el factor pleno de Reconocimiento de la Alegría de la Existencia en contacto con el resto de Criaturas Creadas.

La balanza con nuestro entorno es tan delicada que cualquier peso de más, aunque sea un átomo, puede alterar el equilibrio y estallar dándose el choque que va a alterar, no sólo al ser que actúa como centro de sí mismo, sino que chocará con el centro de los demás. Vendría a ser algo así como una explosión nuclear que altera un enorme radio, aunque no seamos conscientes de ello.

Cada vez que nos surja algo que nos empuje a juzgar con la razón o con el sentido común o, lo que es peor, con la vara de medir de una sociedad, o con la vara de unos valores establecidos; o, lo que es peor, juzgar según las leyes sociales, que no la Justicia, debemos frenar el impulso e interiorizar todo lo que necesitamos transmitir a nuestro propio centro existencial, a fin de que no sean los juicios, pre-juicios o cualquier otra sensación errónea (al estar cargada de actos temporales y humanos), la que se deposite en nuestro interior como una codificación automática y no como algo más: la contemplación del Ojo de Dios en nuestro Corazón será decisiva para saber no-Juzgar.

Cuando juzgamos estamos re-modelando todo nuestro entorno para re-codificar nuestra propia existencia. Estamos, incluso, re-creando un teatro, una escena donde las justificaciones nos sirvan para eso: codificar todo lo que está sucediendo. Pero ¿en verdad esto nos va a añadir Amor o sólo nos va a re-situar con una nueva codificación en el entorno donde nos encontramos?

Entonces sólo debemos mirar en nuestro interior, en nuestro Corazón y dejar que sea el Ojo de Dios quien allí libre su propio espacio. A partir de este acto de total entrega será como realmente podamos reflejarnos en el otro Yo y podemos viajar desde nuestro Yo Soy hasta el Tú Eres También. Quizás esto sea lo que podemos definir como Amor Incondicional hacia todas las Criaturas que conforman nuestro Entorno.

Sólo, quizás así sea que podamos crear esas sinergias expansivas que van a ir más allá de nuestro pequeño entorno, viajando como información hacia el resto del Cosmos.

Jung decía que no hay “casualidades”. Cuando algo ocurre en nuestro interior, de forma automática estamos lanzando flechas, dardos o mensajes al espacio exterior, más allá de nuestra coraza áurica. Esas flechas se reflejan, más tarde o más temprano en “casualidades”, desde el corazón del Cosmos, o desde el Corazón de Dios Creador nos son devueltas en forma de señales. Saber apreciarlas es un Don. Naturalmente, nos habrán de sobrar las prisas (ni siquiera yo estoy libre de ellas), las prisas crean distorsiones, esas distorsiones llegan a nuestro entorno y a todos los seres que nos rodean. Esas distorsiones crean otro tipo de corrientes no sinérgicas sino destructivas de los campos de Energía de los Seres que nos Rodean, que a su vez vuelven a enviar esos Mensajes al resto del Cosmos… Y, es probable, que desde allí nos lleguen las partículas correctoras que hagan modificar cualquier mala situación, cualquier situación insana o distorsionada.

El acto tan vulgar y sutil de juzgar, que se da tan a la ligera entre nosotros crea corrientes muy destructivas, y de ellas se sirven los seres que persiguen fines concretos en esta vida terrena. De hecho, cuando juzgamos, no damos con una vara en la cabeza a nadie, pero ese puñal que clavamos en las almas ajenas viaja como esos dardos: primero se modifica la secuencia terrestre y quizás quien lanza ese mensaje consiga su fin, pero tarde o más temprano todo ello volverá a su lugar, volverá a corregirse… Ese, quizás, sea el fin de la Justicia Divina. Esas partículas, incansables están, no-están, van-vuelven, vuelven-van y tratan de re-codificar cada mala corriente energética.

Todo vuelve a su sitio. Y en el Sitio Final no existe juicio… Allí, sólo hay una Mirada que descansa o ve con tristeza o con alegría lo que realmente ha sucedido o sucedió en el Corazón, en el Alma de sus Criaturas, pero sobre todo Abraza de nuevo al Ser Creado. Lo Abraza, lo Acuna, le da el Descanso, le da la Mirada limpia del Corazón de Dios. No hay juicio. No hay Juicio. Juicio significa fin. El fin no existe en el Corazón del Creador.

 

Hemos perdido la costumbre de ser ayudados

¡Qué extraño y cruel mundo éste! Lo reconozco: esta sociedad es algo que han cocido los llamados poderes y dirigentes. Pero también reconozco que la hemos cocido nosotros con un largo y prolongado esfuerzo.

Este sábado me sucedió algo que es el origen de la presente reflexión. Una dura reflexión porque refleja el mundo en que habitamos, con quiénes habitamos y lo que destila. La conclusión es sencilla: cuando algo te pase, olvídate, porque la consigna de este mundo es que “nadie da nada a cambio”.

Me sucedió, supongo, porque estoy en trance, camino o vía de recibir “ayuda”, aunque, en realidad, ya hace tiempo que me vienen ayudando. Sí, desde luego, esta ayuda es algo totalmente condicionado, pero reconozco que dentro del panorama en que estoy ahora no me cabe más remedio que aceptarla y reconocer que dentro de todo lo que hasta ahora he vivido, quizás, sea lo más desinteresado que estoy recibiendo como ayuda. ¡Vaya, ni mi padre biológico quiso ayudarme en su momento cuando estaba también pasando un duro puente! Después, vas sintiendo por ahí las puñaladas de depende a quién te acercas. Lo más normal es que nadie atienda a nadie. Lo más “normal” es que te digan “que te las peles con tu problema, que te las peles con lo que tú has creado”, que te digan que “eso es Tu problema y no el mío o el nuestro”. Sí, esto es lo más normal en este soci-mundo, tan social y tan dispuesto hasta ahora. Tan social y tan dispuesto hasta que comenzaron los crujires del desmoronamiento social.

Hoy me han venido a la mente esos momentos en que, y por coincidencias, he necesitado ayuda. También me han venido a la mente esos momentos en que, y por naturaleza propia, me lanzo como un dardo a ayudar en todo lo que está en mi pobre mano.

Hoy he sentido vergüenza porque he ayudado a alguien. Me han venido a la mente como un tumulto todo este mundo, terrible, de las llamadas “ayudas”.

He salido de casa, justa de tiempo, calculando la hora larga de camino que necesito para llegar hasta el pueblo andando. Tenía que poner un correo urgente en internet. Me era vital llegar a tiempo.

Casualmente, hoy, me he cruzado como alguna otra vez con un hombre, con el hombre que, sé ahora, es el dueño de un fracasado restaurante que está cerca de donde ahora estoy y que por ello está cerrado y en venta. Casualmente, hoy me ha hablado. Me ha dicho que “de vez en cuando pasa un autobús”. Sí, casualmente, como una o dos veces al día, pero no lo uso porque no voy en horario y porque me hace falta hasta el último céntimo, con lo cual pies y pa’lante que ya llego.

Me he entretenido con él, creo que unos diez minutos, charlando, pero me ha venido bien. Ya iba tarde, el locutorio cerraba a las 2 de la tarde. En el pueblo he mirado el reloj que suelen tener las farmacias. ¡Vaya, le he arreado a la marcha! Eran las 13,35, aún llegaba aunque me faltaba un poco.

Iba tan deprisa, tan corriendo, arrastrando el carrito de la compra que no sé si él me llevaba o yo lo llevaba volando.

Frente a mí se aproximaba un abuelo. Se apoyó en la pared y dejó una pesada bolsa de la compra en el suelo. Le dolía el pie. Sin pensarlo pero pensándolo (¡Vaya, que me cierran, que me cierran, que no llego!) “¿Le ayudo abuelo?” Le he cogido la bolsa más pesada. “¿Hasta dónde va?” “Ahí, en la esquina, doblando, tengo el coche”.

Llevaba tan condenada “prisa” que estaba por decirle: “Deme las bolsas que se las dejo y me voy volando”. Pero luego he pensado “¿Pero cómo vas a hacer eso, tía?”, si no te conoce.

Iba tan despacito, le dolía tanto el pie, y yo llevaba tan condenada “prisa”, que le he dicho que me diera la otra bolsa para así ir un poco más ligero él y poder llegar un poquito antes. (¡Me cierran, me cierran… bueno, es igual, sería igual si no fuese importante! ¡Joder, precisamente hoy!)

Cuando he querido cogerle la otra bolsa me he dado cuenta de que el hombre Pensaba que yo podía hacerle algo así como robarle la compra. Entonces le he cogido del brazo y hemos marchado juntos, él con la bolsa en la mano. Ya no he insistido.

Me debería de haber callado. ¡Maldita sea! No le tenía que haber comunicado mi inquietud por mis asuntos. Simplemente estaba allí ayudando. Me he arrepentido luego de todo corazón. Lo he pasado mal porque se me han agolpado todas las malas cosas de esta maldita sociedad en mi interior.

Al llegar al coche seguía nervioso, buscaba las llaves del coche y no las encontraba “¡Vaya, ahora sólo falta que haya perdido las llaves!” “¡Tranquilo, hombre, tranquilo, si la que llevaba la prisa era yo! Ahí, en el bolsillo se le sienten unas llaves.” Ha rebuscado en los bolsillos, primero unas llaves que no eran. Pero luego, en otro, ¡Por fin encontró las llaves del coche! Ya más tranquila yo. Pero, lo he seguido pasando de lo peor. En esos instantes me llegó a cruzar por la mente que no hubiese pensado que le hubiese robado las llaves. Sí. Tengo que reconocer, que, a lo mejor, en otro instante hubiese obrado de otra manera más tranquila, pero he transmitido toda mi ansiedad al abuelo, que me decía que nunca le había pasado eso, que nunca había tenido un accidente y que el lunes iría al médico. “Eso es lo que tiene que hacer, y, si puede, cómprese un carrito como éste que le ayudará”.

Bueno, todo ha concluido bien, le he preguntado su nombre y me he presentado y resulta que más o menos veníamos de la misma zona, pero yo mucho más lejos. “Ya me verá por ahí, por ese camino suelo ir bastante”.

Hemos perdido la costumbre de ser ayudados y es que la palabra “ayuda” quizás implique algo momentáneo, algo espontáneo. Esa espontaneidad la hemos o la han perdido la mayor parte de la gente.

Reconozco que los pocos varapalos que me han dado han sido suficiente para mirarme muy muy bien a quién me dirijo, la forma, el tipo de ayuda que solicito y en qué medida puedo ser ayudada. Es más, ya acudo a los centros “oficiales” diciéndoles “En realidad no sé en qué me podéis ayudar”. Y es que en esos sitios “oficiales” no tienes derecho a nada si no eres un “ciudadano” contribuyente, y, sobre todo, empapelizado hasta los dientes. Te piden de todo, menos el certificado de defunción porque, supongo, que estás de cuerpo presente solicitando algún tipo de “ayuda oficial”. Ayuda que, por otra parte, casi siempre te es denegada porque precisas de unos requisitos, tales como haberles pagado a ellos hace muy poco, es decir, haber echado dinero en sus arcas contribuyentes.

¡Dios mío! ¡Qué vergüenza! escuchar a través de un medio, como es el radiofónico que qué morro el de los griegos “¿cómo se atreven a pedir a quienes les han dado?” Llamarles chulos a los negociadores de lo imposible. A los negociadores que negocian para tratar de sacar a las gentes de un país de la ruina, de la ruina de la cual esos “grandes” han sido los responsables con los cebos de la avaricia.

Y tienen razón. ¡Cuánta razón tienen! A ver cómo narices sales de una Ruina sin tener medios para salir de ella.

¡Cuánta razón tienen! Es por ello por lo que mucha gente se ha visto y se ve abocada a dormir en la calle o en un cajero. Imposible conseguir medios para vivir dignamente o buscar un trabajo. Imposible si no tienes medios. Encima, seguramente, debes de tener mucho morro cuando pides ayuda o cuando pides a la entrada del metro o en la calle o en la puerta de un súper, cosa que está prohibidísima, ya que no se debe molestar a los buenos ciudadanos consumidores. Estos ciudadanos deben quedar lejos de todos esos problemas que los tienen “otros”. De los problemas que “Ellos Se Han Creado”. La justificación ya la sabemos porque para no ayudar a los demás siempre tenemos justificaciones a mano.

Pero ¡Qué duro y qué cruel el mundo que hemos o han estado cociendo muchos! ¡Qué duro y qué cruel el no ofrecer un saludo en un camino casi desierto! ¡Qué duro y qué cruel no ayudar al que no puede andar, a llevarle el peso que le agobia! ¡Qué duro y qué cruel que cuando acudes por natural tendencia, tengas que oírte unas horribles voces dentro!: “¡Cuidado, quizás no le estás ayudando porque le estás poniendo más nervioso que si tuviese que arrastrar el dolor y el peso!”

Sí, cuidado con lo que hacemos porque DECIDIDAMENTE estamos obligando a los demás a no pedir ayuda.

Pero, sobre todo, debemos ser conscientes, cuando intentamos ayudar a alguien de entrar con tanta dulzura, delicadeza y respeto que… ¡me cago en todas las prisas de este cruel mundo, del llego o no llego!

Podría seguir con más,… reconociendo que a veces, y no siendo más que una muerta de hambre, a veces creo que debería inmiscuirme en más cosas en las que no debiera. Por eso, cada vez que algo se me presenta llevo tanta tanta cautela al ofrecerme… Pero el sábado fue un día extraño, quizás estaba todo conjurado para que recordase todo el daño que puede llevar implícito el negar la ayuda, el no ofrecerla, la falta de delicadeza cuando la ofreces de forma espontánea, o el imponer unas necesidades propias a las necesidades del “otr@”.

Sí, el sábado fue un día extraño, porque ayuda implica algo puntual, algo transitorio. Lo demás no se puede considerar así ya que puede degenerar al propio ser humano cuando no puede salir de las circunstancias por su propio pie. Ahí es donde debiese intervenir el tan flameado “estado de des-derecho”, el flamante “estado de bien-estar” para algunos cuantos. Esos cuantos que se levantan a vociferar con la boca bien grande que ellos cumplen y acoquinan, y que el resto no son sino unos babosos, unos caraduras, que encima piden para poder “salir adelante” de los farragosos y fangosos charcos que este “cruel y humillante mundo social” ha ido creando.

Las partículas “patrulleras” de la Creación

No sé si ya las han descubierto nuestros eminentes y grandes sabios científicos. Llamarlas “patrulleras” es para que se entienda en términos coloquiales lo que son.

Están muy relacionadas con los “milagros” y con las correcciones en el espacio-tiempo para que Todo llegue a buen término y no termine en caos y destrucción.

Estas partículas no atienden al Tiempo, pueden viajar o, mejor dicho, estar en muchas partes a la vez, recogiendo la información necesaria y transmitiéndola al resto de partículas. Son los neurotransmisores del Cosmos que “llevan y traen” instantáneamente, según nuestro pobre entender, para regular, corregir.

Envían información instantánea de lo que puede producirse más allá del tiempo lineal. Entonces en lo que nosotros consideramos como “presente” se producen las acciones e interacciones necesarias para que todo tipo de Evolución se lleve a buen término.

Son nuestras “chivatas”, las que nos permiten “percibir” el futuro, recibir sueños premonitorios, intuir aquello que no vemos pero que sentimos con fuerza mayor interiormente, cosa a la que nuestro estado actual de humanidad ha renunciado porque para nosotros es “impensable”, sobre todo demostrable, con lo cual no interesa estar “adherido o atado” a esos sensores que consideramos incluso memeces de unos cuantos y cuantas.

Para estos transmisores el mañana puede ser hoy mismo, te pueden llevar “navegando” por pasillos irreales, acelerar los tiempos, los acontecimientos, los karmas.

Puede que se trate de las Partículas de Dios mismo o son sus enviadas.

La materia, la antimateria y energías que nos son totalmente desconocidas son las que nos conforman y configuran, pero que no tienen nada que ver con los teatros humanos, con una irrelevante conciencia de lo que son o somos como seres engendrados o creados de la Nada.

¿Existimos si no tenemos “cuerpo físico”? Yo diría que sí. Mi experiencia, a la que no me he vuelto a “someter” porque, quizás, esa no sea mi función en esta vida, me dice que podemos alejarnos de nuestro cuerpo físico y estar en cualquier parte. En esa otra cualquier parte, por supuesto, que si generamos la conciencia del no-estar, podemos advertir que no estamos atados a las leyes físicas. Si tenemos la oportunidad de ver con los “ojos” en este otro estado de la materia, entonces advertimos que podemos flotar, que no existe norte, sur, que el techo o el suelo pueden ser indiferentes, porque para ese otro “estado” no existen las leyes físicas que magnéticamente nos “amarran” al vientre de nuestra Madre, nuestro fabuloso Planeta Tierra. En mi caso me sentí, simplemente, como una bola de energía pero con la conciencia despierta de estar “viendo” desde el techo.

¿Juegan con nosotros los Seres de Energía que intentan comunicarnos algo? ¿Por qué estoy afirmando todo esto que yo que no soy científica no puedo demostrar? O te lo crees o no te lo crees, claro.

Todo esto pertenece a la ciencia cuántica, intentar llegar al Corazón de la más mínima partícula, para descubrir que “dentro” no hay nada, para descubrir que una partícula se puede dividir en muchas otras iguales a ella o su proyección exploratoria que atraviesa todo cuando se le intenta someter a un obstáculo.

No hay obstáculos para las partículas. No hay capas de acero o de plomo que las detenga. No.

De hecho, por mucho que intenten cubrir el cielo de nubes artificiales no van a evitar la proyección de las partículas Cósmicas, que son las portadoras de la información, de toda la información a la que debemos “Obedecer” porque la Ley Cósmica tiende a la Creación y no a la destrucción. Para la Ley Cósmica hay Transformación, Transmutación… De aquello que, probablemente, no “sirva” se vuelve a su estado primigenio para más tarde volver a ser lanzado a su misión.

¿Qué son los milagros? Los milagros no son ni más ni menos que la Transformación, la Transmutación de un estado en otro. Ahora está, luego no. Ahora no está, segundos más tarde, sí.

Probablemente un Ángel o una Entidad estuvo “jugando” conmigo no hace muchos días… para darme a entender todo esto que estoy tratando de explicar.

El Mañana es Hoy.

No soy perogrullera, respeto mis “comunicaciones” a las cuales cada vez estoy más agradecida, porque… porque, realmente, somos como Pinocho en manos de nuestro Creador. Porque nuestros Ángeles poseen capacidades que a algunos les puede aterrorizar, a otros atemorizar, a otros enfervorizar. Trato de estar simplemente o de permanecer, simplemente sin el salto del grillo o el pavoneo del pasmo. Incluso todo esto me ha dejado más seria y pensativa de lo imaginado ni siquiera para mí misma. Debo de estar contenta, pero ese contento o alegría ya no la traduzco en saltos de grillo.

Como el equilibrista en la cuerda, suspendida, probablemente, a mil metros de altura sé que cualquier mal paso puede significar una terrible caída y sólo mirar hacia el frente sin sentir el vacío, sin sentir que “puedo” hacerlo, será lo que me lleve hasta el extremo que descansa en la Montaña.

El toque de atención consistió en que perdí un objeto. Pensé que se me había caído. Lo busqué al día siguiente por el suelo, lo rebusqué una y muchas veces allí donde debería de haber estado. Al cabo de veinticuatro horas “sentí” una voz interior que me dijo “mañana lo encontrarás”. En ese mismo instante encontré el objeto en el mismo sitio donde debía de haber estado. De nuevo esa voz me dijo que Mañana puede ser Hoy. No existe el Tiempo. Como consecuencia al no haber estado en su sitio podía haberse tratado de antes de ayer para volver a transformarse en un mañana, y el mañana en un hoy.

Quizás sea de Locos… Pero no. Sentir que en ciertos momentos no somos “yo”, o podemos ser, simplemente, los Pinochos de Gepeto, quizás a algunos o a muchos les pueda causar pavor. Entonces pueden venir las discusiones o los terribles pensamientos de ser una granja de humanos o unos juguetes en manos de un dios.

El Corazón del Creador está tan dividido como Criaturas mayores y menores y de otros muchos tamaños o medidas (para entendernos coloquialmente) nos pueda llegar a alcanzar el entendimiento.

Puede que les llamemos Ángeles, Arcángeles, Serafines o Querubines. Puede que muchos que llegaron a la conclusión de que estos Seres habitan en diferentes Esferas, tengan “razón”. Porque es probable que muchos de lo que esto afirman hayan tenido las experiencias que le han llevado a tal conciencia o estado del otro “despertar”.

Quizás también es muy probable que no exista ni el mal ni el bien, sino que se trate del empuje de esas energías o partículas que tratan de conformar o configurar las circunstancias para Transformarlas o Transmutarlas. Si lo logran entonces todo sigue su Camino. Si no lo consiguen porque el empecinamiento de la razón predomina sobre el estado de la materia, entonces ésta sufre, se contrae, se retrae y vuelve a estados primigenios donde experimenta una y otra vez ese estado hasta que logre por Sí misma entender el Paso hacia un Fluir Superior.

Porque es totalmente cierto que nuestra Madre, que nuestro Creador necesita que le Entendamos (algunos le llaman adoración). Entender el Lenguaje Mudo de toda la Creación, pero que está tan Vivo que está Hablando a través del Verbo de la Acción, o la Transmutación de toda Vibración. Pueden ser Señales y para que esas Señales sean captadas sólo tenemos que, como conciencia álmica, despertar al Todo o ser Consciencia Viva que interactúa con el Todo. Somos Átomos en constante Movimiento y Vibración formando conjuntos de presencias Vivas.

Cuando tengáis dudas, pensad en las partículas viajeras de Dios. Pensad en ellas y pensad en cosas que deseáis que os ocurriesen. Como si allí mismo estuviesen poned vuestro mensaje en Ellas… El resto ya depende del Amor con que hayáis puesto vuestro mensaje para ser entendido y atendido.