Carta de un viejo amigo a su “amo”

 

Mi último “anciano” falleció hace una semana, se llama (para mí todavía se llama) Snoopy, contaba con 16 años, quizás muchos para un perro.

Lo puse sobre el sofá para que no cogiese frío y cuando al cabo de un par de horas lo fui a recoger para darle la comida, Snoopy se había marchado,… sin síntomas de dolor, sin nada…

Ahora tengo a mi “ancianita” Niebla, de la misma edad más o menos,… sé que se va a ir de un momento a otro, pero resiste, no tiene hambre, pero hoy me ha cogido unos pedacitos de mi bocadillo, es lo que más le gusta: comer mi comida, sea lo que sea. Por las noches la arropo a mi lado… y así va sumado días, pero sé y ella sabe que no van a ser muchos más… Por las noches le transmito que todos vamos allí y que ese lugar no va a ser peor que este, todo lo contrario. Le envío mensajes con mi pensamiento mientras le cojo las manitas que a veces las tiene heladas, hasta que entra en calor.

Sé que no sobrepasará este mes, pero vamos las dos, una junto a la otra… El pasado año la “rescaté” de una muerte física parcial, se le  había parado el corazón y conseguí con masajes y mucho rato, que “volviese”, lleva desde entonces unos meses más conmigo, pero pronto nos despediremos. Espero que mi Pacto con la Vida vuelva a funcionar: Snoopy se fue sin darse cuenta, ni siquiera me despedí de él.

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